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Nelly Fida
San Miguel del Monte, Buenos Aires
ARGENTINA
Esas voces siempre
¿Cuándo murieron papá y mamá? Ya perdí la cuenta del tiempo. Insólito accidente. Ambos rodaron por las escaleras. Desde entonces me recluí en esta casa. Un palacio para los de afuera, para esos que me gritaban y me tiraban piedras cuando paseaba por las glorietas del jardín. ¿Qué ven en mí? ¿Un monstruo, quizá? Todos quieren culparme de algo que no cometí. Al menos no recuerdo haber hecho nada malo ¿o sí? Tuve que tapar todos los espejos de la casa. No soporto verme, porque no hay otro como yo. La soledad antes no me pesaba tanto, porque tenía con quien jugar. Personajes imaginarios, humanos y animales. Muchos eran monstruosos. A veces, en algunas noches sin luna, me escurría por entre los árboles y el cerco, pero tenía que regresar enseguida. Todos me conocían. Me espiaban desde atrás de sus ventanas con miradas torvas, con rabia, con odio, y también con miedo. ¿Quién es esa gente? Afuero les temo, pero acá adentro me siento seguro y ellos pierden el aliento.
Nadie se atreve a entrar. La casa ya ni tiene muebles, porque los fui quemando en el hogar cuando recrudecían los fríos del invierno. En ocasiones, me extravío en las habitaciones vacías y en los pasillos, y casi no salgo al parque porque las malezas lo cubren todo, hasta las puertas. De vez en vez siento ruidos extraños y voces. Deseo que sea alguien que venga a poner fin a esta terrible agonía, a esta soledad que me aplasta, que se hace cada día más insoportable. Pero no, nadie llega. Algo, como un grito, o un aullido feroz, no lo deja llegar hasta mí. Esos gritos. Esas voces que me acompañan siempre. Que no me dejan dormir. Que me dicen al oído que papá y mamá me esperan abajo, que me acerque a la escalera...
(Este cuento fue publicado en la revista LEA, N°28, edición Especial, en su convocatoria al Festival Silvina Ocampo de Cuento Corto.
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